martes, 17 de noviembre de 2015

Las actitudes del entrenador.

Este es el post para la revista Sport Training de este mes www.sportraining.es
En estos 10 años en el triatlón he tenido grandes entrenadores y asesores que me han ayudado mucho. También he observado a buenos entrenadores trabajar. Y también he escuchado muchas impresiones de atletas sobre sus entrenadores.
He observado que generalmente lo que ha marcado la diferencia entre un buen entrenador y uno excepcional ha sido la manera en la que ha mandado el mensaje; cómo ha sabido conectar con el deportista y de qué modo ha creado una actitud óptima en un atleta. Generalmente no se trata de hacer nada excepcional, sino más bien de dejar de lado ciertas actitudes comunes.
Bajo mi punto de vista los entrenadores no solo tienen que cuidar del físico de sus atletas, sino también conducir su bienestar psicológico para que el pupilo disfrute del proceso y del trabajo con el entrenador. Con ello se asegura no solo la confianza del deportista sino también su fidelidad.
Aquí escribo 7 puntos con las sensaciones que tengo como triatleta, sobre todo con las impresiones que tengo como potencial cliente de un entrenador de triatlón. Personalmente he cometido algunos de estos errores. Creo que los profesionales del entrenamiento deberían tenerlos en cuenta, trabajarlos y aplicarlos para tener una buena sintonía con sus atletas:
1. Situarse como ejemplo. Creo que resulta un error hablar de la propia experiencia más aún si no es preguntado por el atleta. Si el entrenador es consultado sobre su propia experiencia debería ser muy preciso tanto en lo que hizo, cuándo y cómo. El entrenador que se situa como ejemplo está abriendo una gran brecha con su cliente y además hay un gran potencial de que aparezcan los egos y de que la relación se convierta en una batalla entre mi ego de entrenador y deportista vs tu ego de deportista.
2. Dar de más o de menos. Un error muy común que observo y que algunos entrenadores me han comentado es que quizá se habían equivocado al trabajar con una remuneración inferior a la que consideraban justa o incluso gratis. El talento se paga y los usuarios lo saben, si no hay congruencia “precio-servicio” se genera cierto desconcierto en el cliente. La sobre implicación también puede incomodar al cliente. Por otro lado lo entrenadores “estirados”, terminan siendo aborrecidos. Algunos triatletas me han trasmitido su enojo cuando han descubierto que tenían los mismos entrenamientos personalizados que otros compañeros con aptitudes diferentes o con el retraso en los envíos.
3. Contexto. Hay atletas que entrenan porque quieren llenar su tiempo de ocio con una actividad y otros que tienen una meta realmente precisa. Hay clientes que son jubilados sin responsabilidades y gran pasión con lo que hacen, estudiantes que hacen malabares con multitud de compromisos y también solteros reponiéndose de una ruptura. No solo es importante saber el qué, sino también el por qué, el contexto del atleta, algo que muchos entrenadores ignoran y tampoco tienen interés por conocer, es una ventaja que dejan escapar.
4. Gestión de redes sociales. Las redes sociales es la carta de presentación de un entrenador. Muchos entrenadores diluyen sus brillantes aportaciones entre multitud de publicaciones basura y comprometidas opiniones sobre temas de actualidad que tanta polémica generan. ¿Cual es la finalidad del post?
Como atleta no me resulta muy atractivo un entrenador que comparte una foto con una frase de motivación para rellenar sus redes sociales.
5. Transmitir motivación. Quien intenta motivar de forma torpe, con perogrulladas, de forma vaga y genérica, pierde su carisma. La motivación intrínseca es mucho más poderosa que la extrínseca, algo que todo entrenador debe tener presente y quizá motivar más al atleta para el proceso y la actuación y no para el resultado. Trata de ponerte en los pies del triatleta antes de motivarlo.
6. Mal reforzamiento. El reforzamiento como la critica cuanto más precisa sea mejor. No reforzar es un error pero también lo es decir “eres un crack” después de una buena actuación. Un exceso de elogio no es recomendable. Cuando el resultado no es el esperado la mejor opción es escuchar al atleta, realizar un análisis conjunto y valorar el trabajo realizado.
7. “Sabelotodo”. El entrenador que quiere ser experto en nutrición, medicina, psicología, organización de eventos, diseño de bicicletas… termina generando cierto rechazo. Los hay que quieren ser mentores sin haber estado nunca en cámara de llamada. Un “no lo sé” acertado es más conveniente y genera más confianza que una respuesta equivocada. Una opinión puede ser más valorada que una afirmación. Personalmente nunca confiaría en un entrenador que tiene respuesta para todo, que siempre asegura y confirma y nunca opina.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El sin vivir de vivir sin temor.

Podría empezar a fumar, a beber Coca-Cola, poner azúcar refinada en mi café o  adoptar el hábito de beber a diario. Podría correr ultramaratones o empezar a tener una vida completamente sedentaria; también a comer de esto y no de aquello… pero aun así no creo que estaría arriesgando mi vida tanto como lo hago con las más de 12 horas semanales que paso encima de mis bicicletas. Ni los tiburones ni las serpientes ni la coca cola ni el deporte o ausencia de él, ni tan siquiera fumar me acerca tanto a un trágico final como montar en bicicleta. Lo irónico es que es bueno para mi salud física y mental.

Maldito sensacionalismo que hace de los problemas generales obsesión personal de muchos, malditos medios de comunicación que nos hace tener una opinion de lo que no nos afecta para olvidarnos de lo que nos quema, maldita manera de enseñar la necesidad y no la satisfacción, maldita conciencia de tantas amenazas generales que nos llevan a problemas mentales personales.


Maldito exceso de información que nos hace sentir como unos monstruos si tenemos algunos gustos, estúpidos si adoptamos determinados hábitos, apestados si comemos en restaurantes de comida rápida o algo terminado en “ista” si votas o si decides no hacerlo. Con este exceso de información y leyendo las opiniones de unos y otros, siento que piense lo que piense, haga lo que haga, nunca debo estar satisfecho.

Porque no es un problema si la prensa no lo quiere, porque las amenazas al bienestar psicológico general no generan tanto interés como las epidemias, atentados… El alto número de suicidios no parece un problema tan grande como algo que de forma puntual afecta a una parte minima de la población… ¿Cuántas personas mueren porque no encuentran un motivo para seguir viviendo? Porque nos olvidamos de la salud mental, porque parece que las soluciones están en los estúpidos post de autoayuda sobre puestas de sol que cualquiera comparte en Facebook.

Porque los problemas generales que apenas nos afectan y de los que somos responsables en un 1% son el chivo expiatoria de los personales en los que tenemos un 99% de responsabilidad, porque parece que tenemos que tener la opinión más acertada de cualquier suceso de nuestro entorno pero nunca soluciones acertadas para lo que nos ocurre a nosotros mismos

Porque es imposible vivir sin temor si uno le hace demasiado caso a los medios. Terrorismo, drogas, alimentos, deporte… pero ninguno expone lo nocivo que son las personas tóxicas con las que todos convivimos a diario. Parece que vivir sin temor mata, pero lo cierto es que el miedo no deja vivir, que las malas relaciones nos apagan y sin un destino vivir asfixia 

Porque además de nuestros problemas nos hacen cómplices de otros, porque nos enseñan los peligros con estadísticas y datos alarmantes, porque estamos siendo educados para percibir amenazas y encontrar soluciones solo exponiéndonos a más amenazas. Estamos siendo educados para vivir sumisamente preocupados y no para disfrutar, porque vivir sin preocupaciones parece de ser un temerario.


Creo que deberíamos arriesgar, seguir montando en bici aunque sepamos que hay miles de conductores usando sus teléfonos móviles, debemos disfrutar el café, los helados, el chocolate y la pizza sin sentirnos culpables, podemos dormir 5 horas muchos días sin pensar que vamos a morir o nadar en el mar sin creer que vamos a ser devorados por sus criaturas. Quizá deberíamos pensar en vivir sin tanto temor pero gastando paciencia y cuidado, arriesgando de forma divertida pero no estúpida y también trabajando más en nuestro propio criterio y no en tener una simple opinión de todo.